lunes, 6 de junio de 2011

Un poco de la TV

Aunque la televisión haya perdido forzosamente el lugar de principal proveedor de imágenes en nuestra vida diaria –compitiendo con computadoras, teléfonos celulares o cámaras digitales–, sigue pesando en nuestro tiempo libre, apareciendo en conversaciones y nutriendo la agenda periodística. Hay frases dichas en TV que se repiten como consignas, personajes que rápidamente pasan a ser como de la familia y episodios que, aunque no hayan sido vistos en el momento de su emisión, rebotan en youtube y son comentados en radio, diarios y revistas. Prueba de que la televisión no ha perdido su influencia es la exaltación con la que se suele polemizar sobre algunas de sus producciones. Sin embargo, la mayoría de las veces, el debate se limita a dos cuestiones que -aunque relevantes- no merecerían tanto análisis: su perfil pasatista (es característica específica del medio su afán seductor y la necesidad de nunca dejar de ser, en palabras de González Requena, “un espectáculo permanente”) y la parcialidad informativa de sus noticiarios y programas periodísticos (que siempre responderán a intereses o ideas de quienes los sustentan). La uniformidad de opiniones y otros problemas llevaron, incluso, a impulsar una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pero permanecen al margen las discusiones en torno al aprovechamiento del lenguaje televisivo y la exploración de sus posibilidades. Un producto se considera aventurado si sus periodistas o sus actores hablan de corrupción o de mentiras, pero no por su creatividad o su estilo. 678 desmonta con astucia discursos aceptados pasivamente, pero su formato es el que viene repitiéndose desde hace cincuenta años (periodistas sentados alrededor de una mesa) y su idea de comentar la actualidad editando material previo es la misma que ya aplicaba Miguel Rodríguez Arias en Las patas de la mentira (1990). En El otro lado Fabián Polosecki aleaba imagen, música, reflexiones en off y testimonios (estos dos últimos como si se tratara de serenas confesiones) sin bajadas de línea y consiguiendo un programa tan sencillo como profundo, pero de esto hace casi veinte años. Los unitarios y telecomedias de la TV local han progresado en calidad técnica y suelen recurrir a buenos actores, pero, sujetos a meras intrigas y enredos sentimentales, pocas veces (Los simuladores, Lalola) se apartan del realismo melodramático o costumbrista. Todavía lo creativo o lo diferente hay que rastrearlo en los márgenes de la programación (video-clips, separadores), en canales de cable (algunas series extranjeras), en horarios marginales (Filmoteca) o en ciclos infantiles (como el programa de animación local Cabeza de ratón). ¿Hay algo de bueno o de nuevo en la televisión de los últimos años? Espacio Cine pidió reflexiones sobre el tema a un puñado de periodistas y personas vinculadas al medio.

Fuente: http://espaciocine.wordpress.com/

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